jueves, 3 de noviembre de 2016

Debilitación de las Energías en la Persona Depresiva

Debilitación de las Energías en la Persona Depresiva


“No tengo ganas de nada. Me aburre todo. Soy incapaz de concentrarme, de leer un libro y me aburre la televisión. Solo tengo ganas de estar tumbado. Es como si no       tuviese fuerzas para hacer cualquier cosa, por pequeña que sea. Estoy como anestesiado. Mi familia y mi entorno dicen que es cuestión de fuerza de voluntad. Que ponga de mi parte. Que si realmente quisiera podría salir de esto. Pero no puedo, de verdad que no puedo. No entienden que no puedo”.
Esta es una de las ‘quejas’ más comunes entre las personas que presentan un cuadro depresivo. Que sus familiares más cercanos y sus amistades piensen que la depresión es en su mayor parte un asunto de lo que se entiende por fuerza de voluntad. Y aunque hace falta voluntad para abordar cualquier enfermedad, el curso de un trastorno depresivo en ningún caso es atribuible a una presunta debilidad o falta de coraje de la persona. A veces cuando hablamos de depresión lo hacemos como si fuera un trastorno provocado por una causa única, generalmente de origen externo y localizado. Pero esto no suele ser así en todos los casos. Recordemos que la depresión puede desarrollarse bien por eventos desencadenantes externos –depresión reactiva- pero también por desequilibrios neuroquímicos a nivel cerebral. No creo que nadie pensaría que una leucemia se cura solo con fuerza de voluntad y menos aún que ningún familiar le dijese al enfermo que si quisiera podría curarse. El trastorno depresivo es un fenómeno muy complejo, que depende de muchos factores y que puede traer asociado muchos otros desequilibrios.
Y cuando esta persona dice que “no puedo” es que realmente cree que no puede. Es importante diferenciar entre la realidad y la visión de su realidad. Buena parte del trabajo terapéutico consistirá precisamente en que la persona cambie la manera de ver su realidad. Del no puedo y soy incapaz, al me cuesta. Del me aburre todo al la mayoría de las cosas me aburren. Porque la mayoría ya no son todas. Y esto es un comienzo.
ALFONSO ECHÁVARRI GORRICHO
Psicólogo

Desconexión Comunicactiva de la Persona Deprimida

Desconexión Comunicactiva de la Persona Deprimida

“Hace ya tiempo que no quedo con nadie. El caso es que no tengo ganas de salir y sobre todo no deseo encontrarme con conocidos. No soporto que me pregunten cómo estoy y que si debería hacer esto o aquello. Tengo la sensación que estoy en boca de todos. Es algo que me enfada tremendamente. Además mira que aspecto tengo. Me miro al espejo y veo una mujer envejecida y sin ganas de arreglarse ni tan siquiera de cambiarse de ropa. No tengo ningún interés por nada y hasta me da igual lo que pase por el mundo, bueno, esto no es del todo así, porque no puedo ver a toda esta gente que se queda sin trabajo y sufro mucho por ellos”.
La autoimagen que tiene una persona condiciona en buena parte su vida y sus relaciones interpersonales. Esta idea es recogida por el psicólogo Friedemann Schulz von Thun en el primero de sus volúmenes de El Arte de Conversar. Esto también sucede en las personas que presentan un trastorno depresivo y de forma muy severa. Generalmente las personas etiquetadas como depresivas, suelen acceder a abundante información sobre el trastorno, información que en muchas ocasiones tiene que ver más con opiniones que con rigor científico. El riesgo radica en que la persona admita que, dado su diagnóstico de depresión, lo ‘normal’ es comportarse como se espera que lo haga: aislamiento social, abandono personal e incomunicación. Y así se mezclan en un solo recipiente tanto el síntoma real del trastorno como la conducta esperada asociada al mismo síntoma. No suele ser un buen cóctel y se hace necesario durante el trabajo terapéutico que la persona se rebele frente a la “Conducta Lógica de un Depresivo”.
No se trata en ningún momento de pasar por alto la sintomatología depresiva. Es necesario atenderla y abordarla con las herramientas que la ciencia nos facilita. Pero el ser humano es más que su propio trastorno y requiere y reclama una atención que le contemple no solo como un organismo que arreglar, sino como un todo con vocación de sentido y posibilidades de realización aún en la adversidad.
ALFONSO ECHÁVARRI GORRICHO
Psicólogo